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Aunque pueda parecer extraño, Mallorca contó con una fábrica de automóviles que no tenía nada que envidiar a otros fabricantes de la época. El 12 de enero de 1920, se constituía en Palma la sociedad LORYC S. en C., con la finalidad de instalar la primera fábrica de automóviles en la isla, siglas de una razón social que correspondían a las iniciales de sus principales accionistas: Rafael de Lacy y Gual, representante de la marca de coches Minerva; Albert Ouvriard, ingeniero francés y Antonio Ribas Reus, transportista naval; otros accionistas (S.en C.) fueron Pedro Montaner Gual, Antonio Socias Morell, Antonio Darder Ripoll, Alberto Agustín Reus y Fernando Alzamora Goma. El director técnico sería Alberto Ouvriard, que había trabajado anteriormente para Renault en Francia.


La sociedad, cuyo capital inicial era de 50.000 pesetas, además de la fabricación de automóviles también se dedicaría a la producción de maquinaria agrícola y comercio de patentes industriales; se instaló la fábrica en unos terrenos de la actual avenida Gabriel Alomar y Villalonga. Mientras se iniciaba la producción de coches, sus talleres se dedicaban también al montaje de motocicletas Harley Davidson.

Pero los primeros coches construidos podría decirse que eran aún franceses y no del todo mallorquines. Se trataba de vehículos EHP construidos bajo licencia aunque pronto se nacionalizó la producción, la carrocería se hacía en Palma y sólo los motores provenían de Francia. El primer Loryc matriculado fue un modelo torpedo –al estilo del Hispano Suiza– que salió a la calle en noviembre de 1921 con la matricula PM 507. Un coche en plancha de acero y con mecanismo de frenado que sólo actuaba en las ruedas traseras. Poco después apareció el coche que les valió el apodo de sardina: un modelo deportivo con carrocería de aluminio y línea alargada. Era de tipo biplaza aunque poco después salio en tres plazas.

1922. Uno de los primeros Loryc de competición con un motor Ruby de 904 cc

El primer modelo tenía un motor de seis caballos de fuerza. Era un motor francés Ruby monobloque, con válvulas en cabeza. La transmisión se encontraba en el bloque del motor y tenía tres marchas adelante y una hacia atrás. El tamaño de los neumáticos era de 710 x 90 mm. La iluminación que daban los faros, estaba alimentada con gas acetileno. Algo más tarde comenzaría la producción de carrocería cubierta, cuando la fábrica ya se había trasladado a unos terrenos en S’Aigo Dolça –parte de los que hoy ocupa el hotel Palas Atenea– . Mientras tanto la plantilla de trabajadores ya superaba los 60 empleados. A finales de 1921 había tres modelos de la marca LORYC. Un descapotable, una berlina cerrada y la versión recién formada de tres asientos convertibles. Durante los dos primeros años consiguieron vender rápidamente toda su producción y se situaron en el quinto lugar de volumen de ventas entre más de 150 marcas diferentes.

El diario ABC del 4 de Junio de 1922 se hacia eco del interés del monarca por los automóviles mallorquines Loryc.

En el año 1922 Loryc acudió a la II Feria Internacional del Automóvil de Barcelona. Entre las críticas favorables que la empresa mallorquina recibió, destacó el interés que el monarca Alfonso XIII mostró por sus modelos. Una curiosidad que, según algunas crónicas de la época, le llevó a conducir uno de los coches expuestos. En ese mismo año, LORYC, además de su modelo ya presentado, fabricó uno de competición con un motor Scap de cuatro cilindros con más de 1000 cc, y 35 cv de potencia. Ese coche demostró su valía logrando grandes éxitos en varias pruebas automovilísticas tanto nacionales como internacionales: En la IV Vuelta a Catalunya, copó los primeros puestos de meta; En el Trofeo Armangué, segundo y tercer clasificado con vuelta más rápida a 93,50 km/h; vencedor en la II Carrera de La Rebassada; primeros puestos en la prueba de regularidad Barcelona-Zaragoza-Barcelona, etc…

Recorte del diario ABC alabando las virtudes del LORYC

Los Loryc triunfaron también en los raíds nocturnos de la época.

Pero todos los éxitos de aquellos años se transformarían en desgracias en apenas unos meses. El Gobierno -incomprensiblemente- aprobaba el Real Decreto en 22/4/22 que eliminaba los aranceles a los coches completos mientras los cuadruplicaba para los componentes. Este cambio propicíó que los Citroen 5 y similares se adueñaran del mercado. La dependencia de motores franceses Ruby – y algunos otros componentes- que montaban los Loryc comenzó a pasar factura al poco tiempo. Con semejante nivel de competencia, la empresa rebajó el precio de sus coches hasta las 5.000 pesetas, por debajo de los costes de producción. Pero sus medios casi artesanales no podían competir con las cadenas de producción de otras compañías que les permitían vender a precios más bajos. Aún con el ajuste a la baja de Loryc, tenia que competir -por ejemplo- con los Citroën 5 caballos que costaban 4.500 pesetas.

 

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