Del libro 100 años del automóvil en las Baleares, hoy quisiera recoger algunas notas sobre los caminos y carreteras y también, ya en la ciudad, sobre las calles y vías. Para ello elijo algunas informaciones que tomo de los capítulos de Miguel Ángel Llauger Llull, Dr. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, titulado “Rueda y camino. Un diálogo vivo y permanente” (págs. 177 – 189) y del titulado “El tráfico urbano. La circulación urbana en la capital del archipiélago“, escrito por J. Enrique Cabellos, Comisario 2º de la Policía Local de Palma. Ambos capítulos presentan muchas informaciones curiosas que hubiera deseado recoger, pero, por motivos de espacio – un artículo de una bitácora no puede ser un capítulo de un libro – sólo transcribiré algunas.

De cualquier forma, lo que sí constituía un motivo de especial preocupación era el deplorable estado de aquellas vías públicas por las que había de evolucionar el tráfico urbano. En efecto, durante mucho tiempo las calles mantuvieron su primitivo piso de terrisco, con los inconvenientes que ello acarreaba de cara a la limpieza de las mismas y los problemas de salubridad que llevaba aparejada tal situación. […] Este tipo de piso de terrisco era, como vemos, la tónica general en gran parte de la ciudad hasta ya entrado el siglo XX, y sus irregularidades, barrizales, hoyos y socavones – bastante habituales por cierto – eran “arreglados” con piedra y greda, o grava, apisonada.

[…] Por las calles de Palma circulaban los llamados carros de roda plena, cuyas llantas se hallaban formadas por clavos prominentes y no representaban precisamente una caricia para el nuevo empedrado. Pero, sobre todo, el objeto principal de las pesadillas de los encargados del mantenimiento de las vías públicas lo constituían las carretas (por llamarlas de alguna forma) de los “traginers de garrot”. Éstas consistían simplemente en una plataforma rectangular de madera, sobre la que iba situada la carga, que era arrastrada por la caballería por medio de unas cuerdas sujetas a unos ganchos o anillas, a modo de tirantes. Este singular artilugio, al carecer de ruedas e ir arrastrando directamente la plataforma sobre la superficie de la calle, aparte del estruendo que ocasionaba, producía considerables desperfectos en el empedrado.

Finalmente, tras numerosas gestiones administrativas y diversos ensayos para probar nuevas carretas con ruedas, se consigue que a principios del siglo XIX abandonen los “traginers” su tradicional sistema de locomoción, adoptando otros tipos de vehículo cuyo uso resultase menos lesivo para el pavimentado de las vías públicas, dándose así un paso más en la evolución de éstas hacia una configuración más acorde con las necesidades de los nuevos tiempos.

J. Enrique Cabellos: “El tráfico urbano. La circulación urbana en la capital del archipiélago

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Carro de “roda plena”.Publicado en el Boletín de la Sociedad Arqueológica Luliana nº 185 de Agosto de 1895

J. Enrique Cabellos ofrece a lo largo del artículo varios datos curiosos como son la creación en 1852 de la Guardia Municipal de Palma con una plantilla de 8 guardias; pero que en 1854 tuvo que ser suprimida “a causa de las manifestaciones – algunas de obra – que el público hacía contra ella y a fin de evitar males mayores”; la supresión sólo sería eventual pues se restablecería en poco tiempo. Dentro de la Guardia Municipal, en 1938 se crea la “Sección de Circulación” con la figura del guardia urbano, con su uniforme azul y su casco blanco. En 1959 se crea la sección motorizada.

El primer semáforo de la ciudad fue ubicado en 1956 en la Plaza de la Reina, frente al Teatro Lírico. Y el segundo semáforo se colocaría poco después (1957) en la calle Colón a la altura de los almacenes “El Águila”.

Pero mi intención iba hoy hacia el piso de los caminos, calles y carreteras. Es el ingeniero Miguel Ángel Llauger quien va tratando el tema de la historia de los caminos en las islas, desde los romanos, pasando por los medievales. Nos recuerda que fue el mapa del Cardenal Despuig (1784) el primero en reflejar los caminos “diferenciando los de rueda de los de herradura”. En 1846 llega a Palma Antonio López Montalvo que se propuso que las principales carreteras de la isla fueran aptas para la circulación de carros y diligencias. Pocos años antes, en 1825, el Capitán General José de Alós, impulsó el abandono de la rueda maciza y la introducción de los primeros elementos de suspensión. La primera diligencia, entre Palma e Inca, empezó a funcionar en 1837.

mapa Despuig
El mapa del Cardenal Despuig, primer mapa con los caminos de Mallorca (tag: despuig)

Las exigencias de la rueda no eran entonces, para nuestros ojos, muy exageradas. La calzada debía permitir el cruce de dos vehículos, cinco metros eran suficientes y con algo menos se conformaba; las curvas no requerían grandes radios, seis metros en los tramos montañosos eran satisfactorios; los peraltes tenían que ser casi inexistentes para reducir el peligro de vuelco a velocidades que nunca llegaban a una legua por hora; el drenaje debía eliminar el agua de lluvia; el firme se conformaba con una ligera capa de piedra machacada apisonada y recebada, que el escocés Mac Adam [(1756 – 1836)] había inventado y bautizado con su nombre (macadam) en el último cuarto del siglo anterior y las pendientes a ser posible no tenían que superar el cinco o el seis por ciento, para que las caballerías pudieran arrastrar el vehículo sin obligar, como era frecuente, a los viajeros más jóvenes y fuertes a subir a pie las cuestas. Hubo que eliminar, eso sí, muchos vados en los cruces de torrentes. Se construyeron puentes de hormigón en masa y de mampostería, algunos también de madera que no duraron mucho y, a partir de 1860, los primeros puentes metálicos, como los de la Albufera de Alcudia y el de colársega del puerto de Ciudadela.

[…] La rueda se viste de neumáticos y corre ligera y los firmes han de ofrecerle una rodadura segura y agradable. El viejo macadam no sirve y nacen los pavimentos asfálticos, que llegan a las islas de la mano del “plan de firmes especiales” de la dictadura de Primo de Rivera, de 1926 a 1931. Se trataba de riegos sobre una capa de piedra machacada y apisonada, sin recebar si eran riegos “profundos” y recebada si eran “superficiales”, recubiertos después con gravilla. Después de nuestra guerra civil, en 1940, de los 1.211 km. de la red estatal de carreteras en Baleares, solamente 119, el 9,8 por ciento, tenían pavimento asfáltico. Hasta bien avanzada la década de los sesenta no se consiguió la pavimentación asfáltica total de la red. Poco tiempo antes se habían empezado a utilizar los aglomerados u hormigones asfálticos.

Miguel Ángel Llauger Llull: “Rueda y camino. Un diálogo vivo y permanente

A mí me resultan muy interesantes todas estas historias de las “cosas” que nos rodean. Son, además, difíciles de encontrar pues no aparecen en las enciclopedias generales sino en libros ya muy especializados. Son historias, creo, que nos ayudan a apreciar de alguna manera el entorno que no sólo es producto exclusivo de la naturaleza,

Antonio Garcías: “La reforma del carro de ‘roda plena’” en BSAL, nº 185 (en pdf), agosto 1895.

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