Los nuevos propietarios volaron gran parte del antiguo cuartel y el lienzo de muralla para especular y construir en primera línea.

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Numerosos curiosos se acercaron a ver cómo había quedado el baluarte después de la voladura.


RAQUEL GALÁN, PALMA: En plena madrugada, tal día como hoy hace medio siglo, el lienzo de la muralla del Baluard de Sant Pere se desplomó. Gran parte de la sillería renacentista cayó al cauce de sa Riera y dejó a la vista la tierra compacta que en lo alto sustentaba el antiguo cuartel militar, ya por entonces abandonado. En un principio, las autoridades locales atribuyeron el suceso a causas naturales, pero después se descubrió que había sido volado con explosivos.

Los autores fueron los nuevos propietarios del antiguo fortín y tenían la pretensión de construir en este privilegiado solar situado en la primera línea de la ciudad. Eran los años del desarrollismo y, pese a que el lienzo amurallado había sido declarado décadas antes Monumento Nacional, los autores de la voladura actuaron con nocturnidad, alevosía y fines meramente especulativos. Solo tenían permiso para derribar el viejo cuartel, pero no el lienzo de la muralla, del que también se querían deshacer.

No les salió bien la jugada, ya que solo dos meses después de la explosión, “el gobernador civil ordenó el ingreso en la cárcel de los responsables de los daños causados en la muralla del baluarte de San Pedro”, tal y como publicó DIARIO de MALLORCA el 12 de marzo de 1963. Plácido Álvarez-Buylla, el gobernador, “con mucha energía comentó y condenó el hecho incalificable y desde luego no autorizado de abrir aquel enorme boquete en la muralla y en lugar tan apartado de donde se produjo el deslizamiento de otra parte del lienzo y de los restos del cuartel”.

En las primeras informaciones, las del 12 de enero, se habla de que se había “venido abajo!”, con exclamación incluida. La noticia detalla que “una buena parte del viejo cuartel asentado sobre el Puig de Sant Pere, la parte más alta de la edificación, se había desplomado y caído”, así como “un extenso trozo de lienzo de la muralla […]. El derrumbe, en la oscuridad de la noche, ofrece un aspecto impresionante”. Al día siguiente, numerosos curiosos se acercaron a las inmediaciones del baluarte, cuyo desplome a las dos y cuarto de la madrugada no causó desgracias personales, tal como señala la información del primer día. “Los primeros en darse cuenta del hecho fueron el propietario y unos pocos clientes del Café Cuba”, poco antes de cerrar el local de Santa Catalina, que todavía hoy existe.

Los primeros días todo fueron comentarios sobre el suceso y, respecto al motivo, el arquitecto municipal García-Ruiz apuntó que “se debió probablemente al reblandecimiento de la base de la muralla y tal vez a algún socavón en el cauce de la Riera, sin descontar filtraciones de agua desde la parte superior”.

Una semana después de las detenciones, el 19 de marzo, otra información del diario señala que la dirección general de Bellas Artes, organismo dependiente del Estado, destinaría un millón de pesetas “para la restauración total del lienzo de muralla”. El resto debía correr a cargo de los autores de la voladura.

El Baluard de Sant Pere fue recuperado, aunque permaneció sin uso durante décadas, hasta que finalmente se convirtió en el polémico Museu d´Art Modern y Contemporani de Palma.

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